Sangre Argentea Capitulo 7

Capitulo 7

Desde los sucesos pasados en el parque, Jocelyn decidió evitar ese lugar, evitar volver a casa sola y evitar verlo a Él.

La normalidad volvió a su vida, y eso le gustaba.
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La campana sonó para anunciar la hora del almuerzo. Cuando íbamos para el quiosco del colegio pasamos al lado de la cartelera que anunciaba la competencia. Faltaba una semana para el evento. El evento para el cual me había preparado todo el año. Y no iba a perder por unos cuantos chicos raros.

- Hoy te veo media pensativa... ¿Pasa algo? – me pregunto Rose mientras volvíamos al curso.

- ¿Eh? Nada nada... -

- Estas pensando en Jonás. – dijo sonriendo maliciosamente.

- ¡NO! - dije sonrojándome.

- Mientras más lo niegues, más me lo creeré. – afirmo ella.

Suspire cansada. Lo que me faltaba, que mi amiga pensara que estoy enamorada de un psicópata.

La clase transcurrió normal. Hasta que el chico pálido entro por la puerta del aula. Al parecer según dijo el profesor. Augusto fue trasladado para nuestro curso.

Perfecto, primero el psicópata y luego el chico lánguido en mi curso. ¿Qué podría salir mal?

Augusto se acomodó en el fondo y saco un libro de tapa negra, sin título ni descripción. La clase continuo pero el no presto ni una pizca de atención. El profesor lo noto mientras explicaba uno de los ejercicios matemáticos más difíciles.

- Venchi, ¿Estas en clase? – pregunto irritado el profesor.

- Claro. ¿Qué necesita? – respondió sin siquiera levantar la vista de su libro.

- Pase al frente y resuelva este ejercicio.

Augusto suspiro y cerro el libro, se levantó pesadamente. Se acercó a la pizarra y tomo la tiza. Se quedó mirando unos segundos el problema. Luego sonrió con suficiencia y lo resolvió rápida y sencillamente.

- Perfecto... – el profesor estaba asombrado. Y varios de nosotros también. El muchacho se metió las manos en el bolsillo, volvió a su banco y continúo su lectura tranquilamente.

Durante el resto de la clase el profesor no lo volvió a molestar.

Acababa de demostrar una superioridad e intimidación de una forma pasiva distinta a la intimidación que emitían Thor y Rudolph. Como diciendo: "Soy más que inteligente que ustedes, no me molesten y no los molesto".

Durante el resto del día, no despego la vista del libro, tampoco dejaba que nadie mirase lo que leía, cada vez que se acercaba alguien a curiosear él lo cerraba y lo miraba irritado.

Intente ver de reojo cuando pase por detrás de él mientras leía en un banco afuera del aula.

Las páginas del libro eran de color amarillo sucio y las letras en cursiva no se distinguían bien, lo que si se notaba eran extraños símbolos y pentagramas. Como si fueran hechizos. Augusto se dio la vuelta y me descubrió. Su mirada no era tan intimidante como la de Jonás pero aun así daba un poco de miedo.

-¿Quieres ver? – me ofreció amablemente. Me acerco el pequeño libro negro hacia mí. Tenía una hermosa decoración con dragones dorados en la tapa, no se distinguía por lo gastado que estaba.

- Oh, gracias.- dije y lo abrí para sacarme las dudas de que era eso. Cuando leí el título me quede sorprendida.

- ¿Qué ves? – dijo el mientras ponía cara como de preocupado.

- ¿Estudias alquimia? – dije sin despegar los ojos de las páginas. Ese libro era conocimiento antiguo, muy antiguo.

Augusto me lo arrebato de las manos rápidamente y me miro serio.

- La mayoría de la gente normal que me pide ver el libro, lo único que ven es la obra: "La divina comedia". Pero tú viste a través del engaño....

- ¡No sé qué hice ni como! – intente excusarme. Pero el negaba con la cabeza.

- Al parecer ya tuviste contacto con él ¿No? –

- ¿El? –

- Si, Jonás, el muchacho de piel grisácea. Irradia algo raro. Pero todavía no sé qué es. Mejor estate cerca mío. Ese tipo es impredecible.

Genial, sumado al psicópata, ahora el chico raro también tenía sus misterios. ¿Cómo había acabado así las cosas?

- Ni una palabra de esto.- me reprendió.- sino pasaran cosas feas. –

- Como tú digas.... –

- Podríamos ser amigos. – dijo extendiendo su mano. – Augusto Venchi, aunque ya sabes mi nombre. –

- Jocelyn Witish, encantada.- le conteste apretando su mano. Estaba fría como el hielo.

La situación había terminado, al parecer nadie se percató de nuestra conversación del secreto oculto del libro. Lo cual era bueno. Decidí no contarle nada a Rose, me trataría como loca y de paso haría teorías conspiranoicas para meterme en un triángulo amoroso con dos fenómenos.

El día había terminado y ya todos salíamos del Instituto. Rose me acompañaba hasta mi casa, después de los últimos acontecimientos prefería perder un día de entrenamiento para ayudarme.

- Que chico extraño ese Augusto... - me dijo

- Bastante y más aún lo fácil que resolvió los problemas del profe.- le recordé.

- Es cierto. Además hasta hizo que la profesora de política lo echara del aula en pleno debate por demostrarle que estaba equivocada.

- Debe ser uno de esos talentos ocultos o genios adolescentes que surgen uno cada mil. Al parecer puede ser el próximo Einstein. – me reí y ella me siguió.

Ah, por fin un momento normal en toda la semana, entre idas y venidas no pude ni tocar un libro para comenzar a estudiar para la competencia. Estaba en clara desventaja con los demás. Pero eso no iba a dejar que un chico superdotado me superase tan fácilmente. Iba a ganar cueste lo que me cueste. Mi determinación superaba a la de los demás.

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Al otro día no hubo clases. Empezaron a preparar el lugar para los juegos y dejaban tiempo libre para que los alumnos se relajaran y se prepararan para los torneos. Este año harían torneos deportivos de artes marciales, carreras donde participaría Rose, algunos deportes olímpicos para estrenar la nueva pista recién renovada. Y de la parte de los intelectuales habría torneos de videojuegos, juegos de cartas, estrategias, acertijos, arte y literatura. Todo relacionado con alguna materia escolar o universitaria.

Jocelyn había acordado para salir con Rose esa tarde. Quería despejarse de su semana ajetreada y de los recientes hechos.

Se puso una blusa azul y unos jeans negros que le hacían juego con sus zapatillas color negro mate. Esta vez se dejó la melena pelirroja suelta. Hacía calor y quería aprovechar el día al máximo.

Se encontraron con Rose en un café cerca del colegio. Y se dispusieron a ir a ver las últimas novedades en una librería nueva que acababa de abrir a unas manzanas de allí.

El lugar era enorme y todo el interior del edificio estaba decorado con temática medieval, piso de piedra pulido y el techo de vigas de madera. Parecía un verdadero palacio.

Cerca de uno de los expositores estaba Augusto hojeando unas novelas de fantasía. Ella se percató de ello y dio media vuelta inmediatamente. No quería cruzarlo a ningún precio. No hasta la competencia.

También al frente de la librería la saludaba Jonás. ¿Es que acaso no podía tener un día normal?

No quería verlos hasta que llegara la parte de los torneos pero parecían como si todo estuviese arreglado para que se vieran.

Convenció a Rose para marcharse de allí inmediatamente, escabulléndose de Jonás. Augusto ni siquiera las había visto. Estaba concentrado en su lectura.

La semana que venía empezaba las competiciones, y quería disfrutar el día sin nada de eventos mágicos y seres raros como lo era el chico de ojos vacíos.

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Lo que no sabía era que la magia atrae a la magia. Donde ella fuera, por alguna razón atraería la atención de los demás. Quisiera o no. La magia estaba en su sangre....



Francisco Mazufri / Hotfix / No se aceptan copias ni adaptaciones- Original en wattpad @ElViajanteErrante / Viaggero







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